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Página personal de Sergio Palay

La charla de los falsos guapos

Posted by sergiopalay en noviembre 25, 2011

Foto: Algunos derechos reservados por Rice-Aron Library

El lugar, la cantina de cualquier club. Los participantes, un simple grupo de amigos. El fuego está encendido, la mesa está servida, los vasos regados y a lo lejos se siente picar una pelota.

En la mesa, otro tipo de picada, y es allí que en medio del murmullo de la reunión alguien alza la voz y dice “Que me venís a hablar a mi, si Yo tengo más líos que partidos”.
“Deja, si aquellas vez ante los innombrables, mire para atrás y no te vi”, es la respuesta de otro que busca no perder su rótulo de ‘el más guapo’.
Pronto se arma la conversación y entre copa y copa surgen las anécdotas “Te acordás cuando íbamos a aquellos clásicos. Si te cacheaban en la puerta y no tenías nada … te daban algo para que no estuvieses indefenso”.
Las risas se suceden, y de inmediato se pasa lista entre los presentes recordando quienes fueron los que remaron espalda con espalda y quienes faltaron sin aviso en determinado lío.
Es que en el básquetbol todo se sabe … “Me vas a decir que no sabías que se iba a armar” … “Si con esos tenemos pica siempre”, “Si además esa cancha es como una leonera, es re chiquita, tiene una sóla entrada, era obvio que para salir se ponía fea”.

Continúan los brindis, y de inmediato saltan en la conversación los nombres de referentes de las hinchadas rivales. “El Flaco”, “El Gordo”, “El Guapo”, “El Pansa”, “El Sapo” y la cantidad de apodos más locos aparecen en escena. Se escucha un dejo de respeto en la voz de los que les nombran. Más aún cuando esos ya no están.

Entre chorizo y chorizo anécdotas casi cinematográficas inundan la charla “Te acordás aquel día en el que la cosa estaba densa. Ese en el que los jefes de ambas hinchadas se invitaron a pelear y fue así que en el medio de la cancha, ante la mirada de todos se dieron mano a mano”.

Duelos de machos como llaman ellos, como los de los cowboys en el lejano oeste. Pero no eran los únicos, estaba los otros, aquellos líos colectivos. “Fue un desastre, una batalla campal, una bataola de proporciones. Pasó de todos. Volaron sillas, piedras, la piñas iban y venía y hasta seguro que escuché tiros … ellos desde la tribuna y nosotros desde la cancha. Todos cobraban y cobrábamos” … “Pero lo más importante es que la hinchada aguantó, que no arrugó”, dicen con orgullo algunos de los participantes.

Sin embargo, tras las victorias, también aparecen las derrotas “Ta pero no siempre ganamos. No seas malo.Te acordás, la pelea con aquellos. Esos sin que nos dieron una paliza bárbara. Si al final tuvimos que salir corriendo” parece confesar alguno de los presentes. Pero de inmediato, salta otro a justificar “Sí, pero eso fue porque los otros habían pasado antes por la otra sede a buscar a los pesados de allá. Así cualquiera. Nosotros no, nosotros siempre fuimos solos y nos la bancamos y eso que la cana, como los jueces siempre estuvieron en contra nuestra”.

Y así continúan, pareciese que los líos sirven como de apoyo para recordar un jugador, un partido o incluso un campeonato. Pareciese que los líos son su mayor recuerdo del club.

Pero de repente y como muchas veces sucede cuando está el alcohol en el medio aparece la culpa … Y mientras los últimos leños se consumen en el parrillero a alguien se le ocurre decir ..”Pero la verdad que aquel día nos pasamos”, “Y si el pobre tipo no pudo laburar por un mes” responde otro.. “Y el club, el club estuvo sin jugar por varios partidos, los pibes de las inferiores se quedaron sin participar y hasta el flaco de la cantina se tuvo que ir por no poder asegurar las ventas cuando jugábamos de local”.

Pero nuevamente y ante una pregunta, vuelve la irracionalidad …”¿Vos pusiste plata pagar la multa?” “Yo, no, que voy a poner, que pongan los dirigentes, eso que tienen plata. Tampoco viene a arreglar los bancos o pintar la cancha. Yo soy hincha no carpintero”.
“Yo tampoco, y encima todavía hubo gente que me había pedido que no viniese más, dejá, a mi, justo a mi, que no saben que doy la vida por el club….”.

Ante un nuevo hecho de violencia en el deporte uruguayo, no queremos señalar culpables ni recordar incidentes, simplemente reflexionar y abogar porque este tipo de charlas en las sedes o cantinas dejen de ser tan frecuentes y que los líos sean recordados simplemente como hechos lamentables que debemos luchar por erradicar.

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